Escritoras que usaron seudonimos masculinos

Históricamente la literatura ha sido cosa de hombres. Pero no porque las mujeres no escribieran sino porque, como en muchos otros ámbitos, los hombres que lo controlaban este mundo, generalmente editores, se encargaron de vetarles el acceso. Ellas, para evitar prejuicios sexistas y conseguir ser publicadas y leídas, a menudo se veían obligadas a ocultar sus verdaderas identidades.

Una breve historia de escritoras que utilizan seudónimos masculinos. Los ejemplos del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX encajan en lo señalado. ¿Ocurre lo mismo a partir de finales del siglo XX? Siguen existiendo escritoras que usan seudónimos masculinos pero no es tan evidente que sea por prejuicios sexistas. Un caso paradigmático sería el de la escritora J.K. Rowling, que decidió usar las siglas J.K. tras ser aconsejada para que evitara usar su nombre de mujer en las series de HARRY POTTER.

En 2013 volvía a repetir la jugada al publicar El canto del cuco bajo el seudónimo de Robert Galbraith. En este caso lo que pretendía era alejar cualquier tipo de sospecha de que ella fuera la autora de la novela.

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